En la unidad original del ser primero, está contenida la causa secundaria de todos lor seres, así como el germen de su inevitable destrucción

Edgar Allan Poe



martes, 10 de febrero de 2009

Cachorros



Cachorros
recién nacidos
en un mundo envilecido.

Cachorros
esperando poder aprender
a caminar
en un mundo vasto e insólito.

Cachorros
esperando abrir sus ojos
a una libertad,
que probablemente,
nunca verán.

Cachorros que jamás
van a ver playas de arena blanca,
majestuosos comedores
con comidas exuberantes,
el sol asomándose por un horizonte,
nubes enrojecidas llorando su desgracia,
una mujer acariciando su cabello.

Qué les queda?

Un dios insensible que los mira
con desprecio
un piso frío
unos abarrotes fríos
un bolillo BIEN caliente
una ducha BIEN fría
un cigarrillo escaso y prohibido
olores que hacen
nublar su mente
sus hermanos, otros cachorros,
que adoran la libertad
pero que viven la misma desgracia.

De vez en cuando,
a estos cachorros se les ocurre
algo
hermoso:

Con su pequeña e inocente lengua,
en donde se asoman blancos y filudos dientes,
lamen
lamen
y siguen lamiendo
el candado que los apresa,
esperando que algún día
éste se compadezca de
su desgracia,
y así,
poder caminar
y ver
a este mundo
envilecido
vasto
e insólito.

Mientras tanto,
todo sigue pareciendo un mundo
de mierda.



Para pablito
un habitante de la calle bastante sabio,
y que ojalá su existencia
no se prolongue por demasiado tiempo,
pues me cuentan que quiso
arrancarse la cabeza
cuando vio la libertad.

sábado, 24 de enero de 2009

¿Y ahora qué hago? Se acercan las clases...me reviento


Caricatura A

Felipe: Bueeeenoooo… Me voy a hacer los deberes…

(…)

Mafalda: ¿QUÉ ESPERAS? ¡TENÉS QUE HACERLOS! ¿NO?

Felipe: La voluntad debe ser la única cosa del mundo que cuando está desinflada necesita que la pinchen.

Caricatura B

Mafalda: Bueeeeno… Dos días más y ¡a clase!

(…)
(…)

Felipe: ¿Qué sentirá un paracaidista dos metros antes de llegar al suelo con el paracaídas cerrado?

Caricatura C

Mafalda: Hola, Felipe ¿Qué te ocurre?

Felipe: Nada, que en vez de hacer los deberes me pasé el tiempo leyendo historietas.

Y lo peor es que no disfruté las historietas sabiendo que tengo que hacer los deberes.

Y resulta que ahora me entra la angustia porque todavía no los hice.

Mafalda: ¿Y por qué no vas y los haces de una vez?

Felipe: Enseguida, enseguida, ya que no disfrute las historietas déjame al menos disfrutar mi angustia.

Caricatura D

Mafalda: Durante mis vacaciones no leí casi ninguna revista de actualidad, así que me estoy poniendo un poco al día.

Encontré aquí una frase, Felipe...¡Qué frase!

Felipe: ¿Qué frase?

Mafalda: “Es más digno morir de pie que vivir de rodillas”.

(…)

Felipe: Y digo yo…¿Será muy deshonroso subsistir sentados?

Caricatura E

Felipe: Mirá lo que me puso la maestra en el cuaderno

Mafalda: “Felipe: alumnos aplicados como tú tienen por delante toda una vida de contracción al deber y al estudio. ¡¡Adelante!!”.

Felipe: ¡Es la peor alegría que me han dado jamás!

Caricatura F

Felipe tirado en el sofá

Felipe:

¡La de gente que habrá haciendo cosas importantes mientras yo estoy aquí tirado!

¿No me da vergüenza?

¡Ah, cómo! ¿No me da?

(…)

Nunca uno termina de conocerse.

Caricatura G

Felipe en un rincón

Felipe: ¡Cada vez que empiezan las clases me agarra esta misma cosa aquí!

¿Y si fuera a un psicoanálista?
(…)
¿Podría un psicoanálista sacarme la angustia de volver al colegio?
(…)
¿Conseguiría un psicoanálista que yo, Felipe, fuera a la escuela contento y feliz?
(…)
¿Lograría un psicoanálista transformarme en un ser tan repugnante?

El Cine y los Psimpsons

Navegando por este mundo interminable me encontre con estas curiosas imágenes y he aquí el resultado, unos fotogramas de las tantas parodias cinematográficas que los Psimpsons han llevado a la pantalla chica.

"Sin Televisión y cerveza, Homero pierde la cabeza"











viernes, 23 de enero de 2009

Santos Recorcholis!!!


Santos recorcholis, se nos ha perdido la cara de la Justicia Colombiana, dónde andara... se me habrá perdido por el camino?

Tranquilo mi valiente compañero, podrás crear una falsa, sólo montaté un par de fulanitos para que te hagan una máscara y con eso simularas que eres un héroe de mano dura y corazón grande...

lunes, 19 de enero de 2009

Los escrúpulos de un escritor morboso



La contraportada de mi libro dice: “En la obra de Edgar Allan Poe, poeta de la muerte y la disolución, Eureka representa, con su conmovedora ingenuidad filosófica, el anhelo de una optimista concepción de la vida”. Así se atribuye al libro majestuoso que escribió Edgar Allan Poe. No se puede negar que Poe sea un poeta de la muerte y de la disolución, pero mi inconformidad radica en por qué se puede creer – o afirmar en el peor de los casos- que su mentalidad y su poder creativo está fundado en una ingenuidad filosófica; a caso lo que escribió Poe está fuera de los estribos o de toda conciencia precoz? No sé, en todo caso pretendo refutar el calificativo que se le atribuye: ingenuidad filosófica, pues es todo lo contrario. Tiene las suficientes capacidades para fundar, en la historia de la filosofía, un tipo de pensamiento al que se le puede adherir atributos argumentativos de tipo especulativo, pues sus fundamentos no están basados o construidos en las formas de pensamiento racional o lógico. Así mismo, se demuestra, a través de su narración, metáforas liberadoras que lo llevan a la imaginación extrema, además, del ingenio desbordante de su mente creadora.

Conocí hace poco a un escritor Español – de no haber sido por él, no habría podido argumentar mis intenciones- en la que habla y propone un proyecto de revisión semántica en nuestro lenguaje. Para este autor, José Antonio Marina, el aprendizaje y la perpetuación de un lenguaje se debe a dos cosas: primero, en la construcción semántica del infante, proporcionada por la tradición, en este caso sus educadores o las personas con que interactúa; y segundo, por la utilización de dicho lenguaje sin reconocer su semántica lo que implica un uso del lenguaje al que no conocemos con precisión. Este hecho, aparece, no por que seamos conscientes de ello, sino porque en nuestra mente habita un inconsciente lingüístico que impide hacer un buen uso (del lenguaje) o peor, que sepamos que los usamos con eficacia para describir lo que vemos. Un engaño semántico en últimas. Su propuesta el psicoanálisis lingüístico: “si el inconsciente es la urgencia del pasado olvidado, las palabras tienen su propio inconsciente y pueden ser psicoanalizadas”[1]. Más adelante dice: “cuando aprendemos una lengua asimilamos su inconsciente sin saberlo, trasegamos su biografía secreta, que se aloja en nosotros y nos habita”[2] .

Pero, qué clase de ejemplo puede revelar este inconsciente lingüístico? La palabra que utiliza, y que va a usar como experimento, es el ingenio. Ésta, según el autor, se manifiesta en diversos ámbitos (culturales, artísticos, sociales, etc.) y de manera, aparentemente, contradictorios, debido a sus hermanas de etimología: ingenuidad, ingenuo y genio. “Estas relaciones acaso no aparezcan explícitamente en la conciencia del hablante contemporáneo, pero están vigentes en su inconsciente lingüístico”[3]. Entonces, qué sucede cuando usamos estos adjetivos? “Utilizamos la palabra ingenio o ingeniosidad para calificar sin vacilación algunos fenómenos muy distintos, cuyos rasgos comunes resultan difíciles de discernir”[4]. Aquí es donde me lleva José A. Marina. Es apreciable y aceptable un calificativo a Poe como el de: ingenuo filósofo? Ahí se encuentra un abismo semántico.

José A. Marina nos proporciona su definición de ingenio: “ingenio es el proyecto que elabora la inteligencia para vivir jugando. Su meta es conseguir una libertad desligada, a salvo de la veneración y la norma. Su método, la devaluación generalizada de la realidad”[5]. Más adelante continua: “el ingenio es la rebelión de la inteligencia, que quiere dejar de ser seria, para huir de sus multiplicadas servidumbres (…) Ha estado sometida al ser, a la verdad, a la belleza y a la bondad, es decir, a los cuatro trascendentales metafísicos”[6]. Que bárbaro ¿no? El autor, entonces, va a navegar por diversos espacios de pensamientos filosófico como: Kierkegaard, Sartre, Marcuse, Freud, Nietzsche, etc; para lograr demostrar el ambivalente uso de la palabra ingenio, para así, develar el inconsciente lingüístico que nos habita.

Entonces, dónde aparece el ingenio de Poe, según la definición de ésta? Eureka, un libro publicado en 1849, es el fiel reflejo de las capacidades mentales de este autor, y en este caso, de su ingeniosidad como escritor –si quieres conocer a Poe, allí hay que ir. Cuando se lee este libro, nos pone de manifiesto sus intenciones: proporcionarnos un ideal y una explicación poético-filosófica del Universo, en apariencia fenomenal pero en últimas caótico, recordemos su proposición: en la unidad original del ser primero, esta contenida la causa secundaria de todos los seres, así como el germen de su inevitable destrucción. Además, una majestuosa argumentación filosófica que va de la mano con la física y la astronomía. Al principio de la obra, y para comprender sus intenciones, el mismo Poe lo dice, hay que ponerse de cabeza, pues su osadía –bien merecida- trata de exhibir su inconformidad con la tradición filosófica y con las explicaciones que se han dado sobre el Universo. Una obra a la que hay que recurrir todo espíritu inquieto, pues, en últimas dónde está su ingenio? Cuál es su método? En la devaluación generalizada de la realidad.

Pero por qué esa negatividad frente a la tradición filosófica? Dos cosas fundamentales. La primera, en Eureka aparece al principio de sus páginas una herramienta narrativa que demuestra la posición de Poe frente a la filosofía: habla una persona de origen remoto acerca de cómo comprendíamos la realidad y el Universo, habla con una ironía tan despectiva que parece que nuestros conocimientos hoy en día estuvieran fundados en unas bases estériles y desproporcionadas, pues arremete contra Aristóteles – y de que manera- y sus posteriores seguidores, atribuyendo a la inducción y a la deducción métodos que imposibilitan el acceso al conocimiento. “…el juego, el ingenio, realizan la misma función que Kierkegaard atribuía a la ironía: liberan la subjetividad e incitan a la inconsecuencia”[7]. En segunda instancia, a través de toda la narración vamos a encontrar que su argumentación está basada en la intuición, utiliza esta palabra frecuentemente, como una forma de pensamiento y adquisición de conocimiento por fuera de las vías inductivas y deductivas traídas por la tradición. Junto con Poe, está un filósofo pragmatista, Charles Sanders Peirce, quien funda este tipo de pesquisas como la abducción. La abducción, entonces, es: “una hipótesis, una corazonada, una conjetura, un pálpito, una intuición, no mística sino instintiva. Es la forma más innovadora del pensamiento”[8]. A lo cual: “es una sospecha muy falible que surge de la conciencia y está determinada por la naturaleza”[9]. Así pues, se presenta y se manifiesta el pensamiento de Poe frente a una tradición que está en deuda.

La belleza, la obscuridad, la muerte, la vida, y muchas cosas más, hacen parte de los atributos narrativos más ingeniosos en la historia de la filosofía y de la literatura universal. Recuerdo la primera vez que leí el pozo y el péndulo, leí con una niebla atravesada delante de mis ojos, leí a oscuras. Así empieza Poe a leernos, a enseñarnos y a escrutar hasta nuestras propias creencias y valores. Fácilmente nos invita a un mar de pensamientos en el cual no hemos acabado de nadar, o mejor, ya estamos tan al fondo que es imposible flotar hacia la realidad.

Un día como hoy se conmemora los doscientos años del natalicio de este difamado, ebrio, drogadicto, lujurioso y morboso escritor, y un día como hoy, el que escribe aquí, siente el placer de haber aprendido a sondear sus pensamientos tan complejos que son. Ahora sí, puedo corregir: …Eureka representa, con su conmovedora ingeniosidad filosófica, el anhelo de una optimista concepción de la vida.


“Caminamos al través de los destinos de nuestra existencia mundana, rodeados de recuerdos, empañados, pero siempre presentes, de un destino más amplio, que se remonta lejos, muy lejos, en el pasado y que es infinitamente grave.
La juventud que vivimos, está particularmente asediada por tales sueños, que nunca, sin embargo, tomamos por sueños, sino que los reconocemos como recuerdos. Durante nuestra juventud, hacemos con bastante claridad la distinción para engañarnos por un solo instante”[10]

[1] Marina, José Antonio. Elogio y refutación del ingenio. Introducción. Ed: Anagrama. Barcelona. 1996. Págs. 13.
[2] Ibíd., pág. 14.
[3] Ibíd.., pág. 16
[4] Ibíd.., pág. 17
[5] Ibíd.., pág. 23
[6] Ibíd.., pág. 25
[7] Ibíd.., Págs. 36-37.
[8] Imbert, Enrique Anderson. Modernidad y Posmodernidad. Filosofía de la abducción: Pierce y Poe. Torres Agüero Editor. Buenos Aires, Argentina. 1997. Págs. 124-125.
[9] Ibíd.., pág. 126.
[10] Poe Allan, Edgar. Eureka. Editorial: Losada Clásica. Buenos Aires, Argentina. 2004. Pág. 154

lunes, 24 de noviembre de 2008

La creatividad de mi país




Duro contra el muro


Me encabrona cada vez que repite: “lo espero en la casa y bien temprano, nada de calle”. Me repudia tener que saber que hoy tendré que ir allí, de nuevo con ella, y verla, sentada en el sofá con esas piernas lujuriosas que noche tras noche me oprimen de una manera brutal; y esa mirada fulminante queriéndome decir: “maldito dónde has estado, fallándote a una cualquiera”. A parte de eso mi madre, un ser despreciable de aquí a la luna, se empeña en recordarme todas las cochinadas que le he hecho, y tras encima, me grita: que soy un mal hijo. Pobre vieja, no sabe que cuando uno toma un camino de estos ya no hay vuelta de hoja. Por eso es que prefiero mil veces vivir en la calle que tener que soportar a esa pobre vieja y a esa inútil a mi lado.
Estas fueron las últimas palabras que le escuche a Fernando.
Esa noche habíamos bebido unas grandes cantidades de licor, en un sitio en el que nunca había estado, pero que de cierta manera nos era familiar. Hablamos de una infinidad de cosas: mujeres, política, sexo y hasta de filosofía. Que manera de sostener una conversación como esta.
-Cuando vayamos…-se quedo pensando-, en quince polas nos largamos de este asqueroso lugar.
-Hey por qué, si aquí estamos bien, además nos podemos quedar toda la noche.
-Hazme caso, te conviene, iremos a otro sitio genial.
En el lugar ya me había amañado y el hedor que se respiraba era típico de amanecedero en el que pueden suceder miles de cosas, como borrachos dispuestos, primero, a brindarte unas cervezas con el motivo de que uno se quede ahogándole las penas, o por la simple simpatía; y segundo, a que al mínimo rose, empieza esa zozobra en el que puede uno salir con la cabeza rota o dispuesto a correr como un venado para salvar el pellejo. Pero, además, no faltan ellas, las mujeres de vida fácil y de fácil acceso; nunca he estado con una mujer de ese mundo, pero me agradan tanto, su majestuosidad, la manera como lo miran a uno, la manera como lo enmarañan con ese cabello gastado, sus manos recorriendo los placeres corporales. Siempre me habían llamado la atención aquellos sitios donde se podía ver la verdadera cara de la ciudad donde vivía.
Pero de cierta manera, la mirada de Fernando había cambiado cuando acabo de decir esas palabras, pero en realidad yo confiaba en él, así que no me preocupe.
Así transcurrió un buen tiempo, el bar ya estaba quedando vacío, sólo permanecían los desposeídos, los desarraigados, los que no querían en casa…, los de la calle. Ambos, ya a punto de entrar en ese estado de dejadez, nos dimos cuenta de que habíamos llegado a la quinceava cerveza. Revisamos los bolsillos, encontramos el dinero, lo reunimos y pagamos la cuenta.
La noche parecía quieta, pasaba silenciosa a nuestro lado con una lentitud que era, para nosotros, apacible, sin embargo, Fernando, al parecer, no compartía lo mismo.
-Hey a dónde vamos –pregunté.
-Yo creo…-dijo balbuceando- que es por aquel lado.
Señalo la dirección a donde debíamos dirigirnos. Me quede pensando.
-Ah…, ya creo que sé para dónde vamos –dije-, a recordar viejos tiempos?
-Claro mi hermano, ya lo habías olvidado, se me hace raro, que cabeza de gallina eres ¿no?
-Es que en ocasiones soy tendencioso a olvidar muchos recuerdos, ya sabes, para que luego no se conviertan en un dolor profundo.
Nos abrimos paso como pudimos, recorriendo aquellas calles por donde habíamos estado hace mucho tiempo, en ellas vivimos espléndidas y fabulosas aventuras y desventuras. Como olvidarlas. De paso en paso, y con los tobillos medio quebrados, llegamos a aquel sitio, sin olvidar, claro, como en los viejos tiempos, recoger algo de nieve por el camino.
-Lo ves? –me pregunto.
-Qué cosa?
-Allá.
Me fije en el sitio bien, y de repente, se me vino ese objeto a la cabeza de una manera abrumadora.
-Claro que lo veo…, aunque no muy claro porque tengo la vista nublada, pero…, claro, es ese, ese hermoso banco que una noche nos sostuvo la borrachera.
Solté la risa.
-Cuánto tiempo ha pasado y nunca le dimos las gracias por aquel favor.
-Hey que severo parce, no sabe lo asombrado que estoy por estar acá.
Mis dedos entraron por mi cabello y agarraron con fuerza mi cabeza. No salía de ese asombro descomunal.
-Marica y como se acordó de este lugar?-pregunté.
-No sé cómo, simplemente me acorde del sitio y ya…, pensé que deberíamos venir a saludarle.
-Pues que esperamos vamos a por él.
Confieso, y en medio de esa pesadez, no haberme sentido tan bien desde hacía mucho tiempo.
Cada vez que nos acercábamos a él, empecé a recordar lo que había sucedido ese día: primero, reunimos el parche, luego la farra, luego las mujeres, después, el tambaleo, y por último, nosotros dos solos en ese banco. Que bonitos recuerdos.
Fernando fue el primero en sentarse.
-Giovanni?
-Qué paso –le dije.
-Cuando tratas de darle sentido a la vida siempre encontrarás pequeños detalles que la hacen sobresaltar como este banco. No lo crees?
-Por supuesto –repuse.
En ese momento, deduje que la conversación entre nosotros había tomado otro rumbo.
-Últimamente he recorrido estos pequeños detalles y me han dado un placer inigualable, es mucho mejor que las drogas. A veces pienso que todas las cosas que vivimos no sirvieron para nada…
Le interrumpí.
-Hey no, no hay que renegar de todo, a veces yo pienso lo mismo, pero después, me entra la sensación de que algo a servido, aprendimos a sentir con intensidad la vida. Eso creo?
-Puedes que tengas razón –dijo-, pero…, parce siéntese lo veo agitado.
Recibí su orden.
A partir de ese momento nos quedamos con la vista perdida, sin pronunciar ni una sola palabra, ni un quejido, sólo se escuchaba el sollozo de la noche. Pero el movimiento existía, él se había aferrado a llevarse la nieve a su nariz, y yo, me llevaba el cigarrillo a los labios. Que difícil es saber cuando el momento final se acerca de una manera abominable, y lo peor, es que uno no sabe qué hacer con ese toro, si esquivarlo o esperar la cornada en el vientre, y luego, desangrarse, arrojar las entrañas, el corazón, aquellas cosas que le dan calor al cuerpo.
De repente, Fernando se llevo su mano derecha al rostro, cubriéndolo con una rudeza, que hasta creí que quería arrancárselo.
-Que mierda…, todo se me vino encima, la maldita familia y las malditas responsabilidades…, estoy jodido Giovanni, no sé qué hacer. En estos momentos me siento el bicho más insignificante y despreciable que todo mundo quisiera aplastar, pero no me quiero dejar, pero ya no aguanto más, el pisón sería contundente y definitivo…
Mi mente quedo en blanco, no supe que responder. Siempre he tratado de charlar y aliviar los problemas de mis amigos, pero, se notaba que en ese caso no habría solución. Me sentí impotente, como si no fuera amigo de Fernando, simplemente un desconocido.
Traté de buscar palabras, pero el mareo no me dejaba, no encontré otra cosa sino abrazarle con mi brazo izquierdo como buenos vagabundos que fuimos.
Sobra decir las calamidades, las ofensas, las condenas y las palabras abruptas que emitían eco en las sombras que nos rodeaban esa noche, pues como firmemente creo: las palabras no valen nada, son insignificantes, incluso aquí.
El sol llego y con su resplandor nos dejo enceguecidos, y abrazados juntos, los dos llegamos a su casa. Le deje en la puerta. No quise entrar, pues conocía muy bien a su mujer, pero le prometí, que después de la resaca volvería por él. Nos estrechamos las manos y se fue entrando directo en la oscuridad de su casa sin pronunciar una sola palabra, hasta que su silueta desapareció. Serré la puerta. Me marche pensativo.
Pasadas unas horas, y con el alcohol vivo en mis venas, llegué de nuevo a su casa. Timbré, timbré y volví y timbré, nadie me abrió. Mi amigo me había dejado solo con el banco.